domingo, 18 de enero de 2009

DE TRUCOS

Fue magia. Si, magia, de la más sorprendente. De la que nos deja boquiabiertos en un truco, en un pasar de manos. La mano más veloz que la vista. Un truco, sólo eso, sí. Mágico. Letal para quien aún creía en ella, aún creía en paradójicas sincronizaciones que solamente pueden engañar al ojo humano, con un rápido movimiento estudiado. ¿Qué es la magia, sino la habilidad de hacernos creer que lo que no está pasando, en realidad puede pasar? De magos, trágicamente conozco bastante. Quizá aún ahora, después de conocer muchos trucos, todavía pueda caer en alguno. Letal. Todavía estoy de pie, todavía no me derribó, no logró hacerme desaparecer. Pero, ¿Y el próximo? Si la paloma que sale del sombrero ya no causa el efecto deseado en esta espectadora, ¡Dios! ¿Qué lo habrá de causar? La sierra, ¿La muerte misma? El deseo de ver trucos, el anhelo por descubrir el velo de lo inaprensible, el maldito impulso de saciar sedes de develar los misterios, de seguro será mi tumba. De seguro seré yo, quien ilusa, le regale la sierra a mi ejecutor. ¡Cómo entender que no debo! ¿Cómo anteponer la razón al corazón, cómo desear mirar hacia otro lado? Cómo, en su defecto, desear y apagar esa llama, esa ridiculez que me arrastra al fracaso. ¿Cómo? Si me gusta tanto la magia… ¿Cómo? Si aún espero como una niña, que me deslumbren con artilugios banales, aún cuando debo, y puedo, ser yo la que tome la varita entre sus manos y hacerlos desaparecer de entre mis sueños. Magia. Magia estúpida, irreal, engañosa. Magia que detesto, que con todo, desearía erradicar de la faz de este mundo y crear fantasías reales. Posibles. Estupida magia, el deseo, el aprendizaje. ¿Cuántos más habrá?. Debo abandonarme al conocimiento de sus venenos, debo. Debo echar raíces en lo más profundo de mi ser, raíces de desconfianza, raíces de recelo, raíces de ira, de agonía, de antimagia. Debo convertirme en ilusionista, para no caer en trucos ajenos. Debo, pero no está en mi naturaleza, aún cuando todo me indica ese camino, cuando cada señal, cada ínfima partícula de este mundo me guíe hacia eso. No lo deseo. No lo deseo. Acabaré por desterrar inescrupulosamente algún ser que aun crea en magias. ¿Y quien soy yo para quitar ilusiones? Si aun logro vivir de ellas. ¿Quién? No me las arranquen. Sé como es el truco, sólo quiero volver a creer que puede ser magia. No puedo dejar de creer. Y lejos de ser simplemente una necedad absoluta, es simplemente el saberme incapaz de trucar un corazón. Y la esperanza de no ser la única, que no se saca la galera para armar un escenario de palabras.

1 comentario:

  1. La habilidad para hacernos creer lo que no está pasando ; buena definición , pero tu texto me hace alumbrar otra que una vez escuché , es la otra definición , desde el "otro" punto de vista porque las cosas siempre tienen dos definiciones como binarios seres que somos en esta dimensión .
    MAGIA : El arte de distraer la atención .

    Saludos .

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