jueves, 4 de junio de 2009

DE LA HYBRIS

Es ante la grandeza omnipotente del relativismo que en reiteradas ocasiones me abstengo de emitir un juicio.
Verdades absolutas que son defendidas pasionalmente, fervorosamente, e incluso logran colarse entre mis pensamientos, debo reconocer, y entre mis acciones, son aquellas a las que más debemos temer, pues sin lugar a dudas son ensombrecen la razón, nos aquietan la capacidad crítica y nos obligan a caer de rodillas frente a un mal pandémico, la ignorancia.
Pero, luego me resulta inevitable caer en la paladeica desabridez del “puede ser”, y sin convicción alguna por nada, la mediocridad acecha, se ensobran los ideales y se guardan en el cajón de la infinidad histórica, sin dejar rastro de un motivo por el cual hervir la sangre.
Nadie desea pecar de soberbio, le huimos a la hybris temerosos de la Némesis, los dioses nos amenazan con encerrarnos en terroríficas cárceles con el fin de estrecharnos en nuestra carne y no permitirnos la dicha de extendernos más allá de la piel que nos contiene y desdibujarnos de nuestra etérea humanidad por un rato. Nos condenamos a tramitar nuestro paso por el mundo, canjeando humildad programada y una falsa modestia, sin olvidarnos de un altruismo reconocido por nuestros semejantes, por una migaja de un cielo inerte, vacuo, y quizá un abrazo que nos transporte hacia algún vestigio latente de nuestro primer hogar, un útero calentito que nos cobije de este infierno al que llamamos vida, desde donde se nos ataca por desear respirar.
Alguna vez me han dicho, que la soberbia no es un defecto. Por supuesto, reí estruendosamente durante algunos segundos para luego observar a mi interlocutor y cuestionar sus creencias. Tardé meses en comprender que mi reacción provenía de aquello de lo que me estaba riendo. Fue mi soberbia, y la que acompasa a todas mis creencias, heredadas, aprendidas e intrínsecamente ligadas a lo profundo de mi persona, la causante de mi jolgorio.
Y me pregunto: ¿Puede ser calificado de “malo” algo que es tan netamente natural?
Hoy, sin dudar un segundo, califico la soberbia de “humana”, sin juicios de valor morales, no como un “algo” extrínseco que debe ser amedentrado con castigos divinos de ser adquirido, sino como una característica de la raza humana, tan imprescindible como el tacto, puesto que la naturaleza es creadora y ella es parte de la naturaleza de nuestro ser.
Y luego, vuelvo a dudar de mis certezas, pues la inocencia también es natural.

1 comentario:

  1. deberías investigar a la soberbia como mecanismo de autodefensa cuando sobreviene la vacilación...

    besos!

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